Juan Carlos Díaz Lorenzo

El Pino de Santo Domingo es uno de los ejemplares más notables en su clase existentes en la isla de La Palma. Todos los fuencalenteros le tenemos un especial aprecio. Los expertos dicen que tiene unos 400 años de antigüedad y se ha recuperado favorablemente de los efectos del fuego devastador que asoló a nuestro pueblo en julio y agosto de 2009.

El Pino de Santo Domingo está situado en el paraje denominado Riveros, a unos tres kilómetros del núcleo urbano de Los Canarios y al mismo se puede acceder tanto por la carretera que lleva al campo de fútbol como por la vía que rebasa el caserío de La Fajana, y que han sido recientemente asfaltados.

El Pino de Santo Domingo es un soberbio ejemplar de unos 400 años de antigüedad

El Ayuntamiento de Fuencaliente de La Palma, en una acción digna de atención, ha adecentado el entorno del soberbio ejemplar y ha creado una nueva área de descanso, que fue inaugurada el 25 de julio. Mesas y bancos de madera con capacidad para unas 70 personas permiten disfrutar de una estancia en un entorno natural distinguido, contando, además, con baños, lavamanos, muro de servicios, tomas de agua, asadero y aparcamientos. Todo ello resultado del empeño que ha puesto el gabinete técnico del Ayuntamiento local, con la colaboración del área de Medio Ambiente del Cabildo Insular.

En la pequeña hornacina existente en el Pino de Santo Domingo se colocó de nuevo una imagen del fundador de la Orden de Predicadores, más conocidos como dominicos (siglo XII), donada por el sacerdote fuencalentero Antonio Hernández Hernández, presente en el acto y bendecida por el párroco Moisés Acevedo.

También luce de nuevo, después de su recuperación y restauración, la Cruz del Santulario, colocada allí en 1950 por Vicente Hernández Rodríguez, padre del sacerdote Antonio Hernández y durante muchos años sacristán de la iglesia de San Antonio abad, patrono de Fuencaliente de La Palma. Dicha cruz sobrevivió al voraz incendio que sufrimos hace dos años, así como a la riada posterior.

El área de descanso tiene capacidad para unas 70 personas

El acto de inauguración estuvo presidido por el alcalde, Gregorio Alonso Méndez y contó con la presencia de varios concejales de la corporación municipal, los consejeros de Medio Ambiente y de Turismo del Cabildo Insular de La Palma, así como varios párrocos de la Isla y unos 250 vecinos, que disfrutaron de un almuerzo popular amenizado con la actuación de Los Versadores.

Con la puesta en servicio de esta nueva área, el Ayuntamiento de Fuencaliente de La Palma realza los valores naturales del municipio, convertido en un reclamo para caminantes, senderistas y visitantes. La nueva instalación se suma a otras áreas recreativas, como la Fuente de Los Roques, el área de descanso de Los Canarios, Cruz del Llano del Tanque, Pino de La Virgen y El Pinalejo. Está prevista una nueva zona costera, en Puntalarga, cuyas obras comenzarán en breve.

Fotos: Juan Carlos Díaz Lorenzo

Anuncios

Juan Carlos Díaz Lorenzo [Cronista Oficial de Fuencaliente de La Palma]

A pesar de las muchas limitaciones que rodearon a la incipiente corporación municipal de Fuencaliente, que había logrado su independencia el 19 de febrero de 1837, desde el primer momento de su nueva andadura se puso de manifiesto un interés primordial por fomentar la enseñanza elemental y, en buena lógica, para disponer de un espacio adecuado en el que impartir la docencia.

El pleno de la corporación local, reunida el 29 de agosto de 1874, en tiempos del alcalde José Domínguez Yanes, manifestaba, sin embargo, la dura realidad: “En este pueblo se está careciendo completamente de local que sirva independientemente para establecer en su debida forma la enseñanza pública y Sala Capitular y del Juzgado” y a ello se añadía la circunstancia de que el propietario del inmueble, Juan Torres Hernández, reclamaba la casa donde estaba la escuela.

Los concejales, después de “conferenciar detenidamente”, acordaron por unanimidad “que se abra una comisión de voluntarios para la fábrica de dichas obras públicas, nombrándose comisiones de vecinos de influjo en cada pago encargados de dicha supervisión, llevando cuenta de la misma por escrito”.

El 11 de octubre del citado año se conoció un escrito había remitido a la corporación la Junta Local de Primera Enseñanza, “haciendo presente los perjuicios que infiere á la instrucción de los niños y al profesor que la dirige la falta de un buen local que sustituya al que hoy sirve para escuela elemental pública, á cargo del maestro don Luciano Hernández Armas, cuyas malas condiciones y falta de menage le han movido á excitar el celo del Ayuntamiento, á fin de que pueda ocuparse de la construcción de un edificio-escuela que reúna las de reglamento. Enterados por su lectura los Sres. Concejales, tomó la palabra el síndico D. Francisco Hernández Hernández, y apoyando la excitación de la Junta Local, dijo que como la corporación reconoce de ciencia propia la exactitud de los hechos que expone, así como las quejas de muchos padres que con frecuencia se lamentan que en este pueblo no tengan el edificio de que se trata, como tampoco salas capitulares”.

Francisco Hernández Hernández

Discutido el asunto, se acordó encargar el proyecto de construcción del edificio-escuela con las condiciones reglamentarias y para ello se nombró a una comisión compuesta por los concejales Antonio Torres Monterrey y Diego de Paz Felipe “para que tomando cuantos datos fueran necesarios y noticias creyese convenientes”, procediera con el mandato recibido.

El 8 de noviembre volvió a abordarse de nuevo la cuestión:

“Se dio cuenta leyéndose íntegramente el dictamen presentado por la comisión nombrada al efecto en once de octubre último acerca de la necesidad y conveniencia de construir un edificio-escuela de niños de nueva planta, y proponer los medios y recursos indispensables para su ejecución. Resultando además de lo que al Ayuntamiento consta de ciencia propia, y de lo expuesto por la Comisión, ser ciertas en todas sus partes las manifestaciones de la Junta Local de Instrucción Primaria; que no responde á su objeto el edificio que ocupa la Escuela, además del inconveniente de estar ocupado por el Ayuntamiento y Juzgado municipal, por no haber otra casa de condiciones regulares para ello, tener los defectos de insalubridad, falto de luces por tener una sola puerta sin más entrada de ventilaciones y de capacidad; que no hay otro en el pueblo que poder utilizar en arriendo; que el municipio no lo tiene propio y que tampoco lo hay del Estado que poder pedirse al Gobierno; discutido el punto suficientemente, de unánime conformidad acuerdan: que se construya otro edificio de nueva planta con sujeción á las prescripciones de las disposiciones vigentes en la materia, pero atemperándose su construcción á las circunstancias de la localidad, aceptándose para ello el solar que se propone perteneciente al municipio”.

La corporación discutió, asimismo, la fórmula para llevar a cabo esta obra prioritaria y de su lectura se extrae una clara referencia a la difícil situación de la economía municipal:

“Pasando a tratar los medios y recursos con que ejecutar este acuerdo, vistas las disposiciones del decreto de 18 de enero de 1869, no teniendo bienes de propios enajenados para disponer de su 10 % ni ser posible acudir al empréstito ni a la venta de edificios de que hace mención el artículo 6º ni tampoco a los donativos de que habla el párrafo 8º, pues el vecindario aunque se reconoce el esfuerzo que hace para la fábrica de otro edificio, no puede dar metálico en atención a los diferentes impuestos que tiene que satisfacer y más especialmente en la época prevista, no contando este municipio en su apurada y triste situación con arbitrios determinados de ningún género; visto el cálculo aproximado de la Comisión, según el cual podrá ascender el coste total de las obras de 2.500 a 3.000 pesetas; partiendo de este supuesto y tomando en cuenta los fundamentos en que apoya su proposición, opinando que podrá cubrirse dicha suma con la prestación personal y una cantidad que se consigne en los presupuestos inmediatos, solicitando del Gobierno 1.250 pesetas ó el 50 por 100 del importe de las obras; considerando que la situación del Ayuntamiento no consiente mayor sacrificio en la deplorable situación económica que atraviesa, discutidos estos puntos con amplitud previo examen de los datos que ofrecen los registros de cuenta y razón, de unánime conformidad acuerda:

– Admitir cuanto propone la comisión y que se ejecute en la forma indicada á cuyo fin se formará el padrón para la prestación personal;

 – Se abrirá una suscripción aunque de poco rendimiento y en los dos presupuestos ordinarios inmediatos se presupuestarán o incluirán por mitad lo que falte para el coste de la mitad de las obras y se completará el expediente para solicitar del Gobierno el 50 por 100 del total de la misma, o sean 1.250 pesetas en que podrá consistir próximamente y en bajo precio la otra mitad del coste de la construcción de dicho edificio”.

Panorámica del barrio de Los Canarios (c. 1920)

El Ayuntamiento acordó, además, “ordenar á un arquitecto la formación del plano, proyecto y presupuesto de otras obras, por razón de no haber en este pueblo profesor de arquitectura, se espera la resolución superior y en el supuesto caso que la Comisión no tenga nombrado arquitecto, se hagan otros trabajos por un individuo de Santa Cruz de La Palma que tenga este título o por maestro de obras, para lo cual se autoriza al Sr. Presidente para que haga las gestiones conducentes a dicho objeto” y agrega más adelante que “este municipio, que siempre ha mirado con el mayor interés las sagradas obligaciones de la instrucción pública ha satisfecho siempre con religiosidad sus haberes a los profesores que por lo mismo siempre los tiene corrientes en sus sueldos mimándolos con la debida preferencia, y más ahora en que todo el pueblo se esfuerza en ilustrar á sus hijos por tener un buen profesor al frente de su educación, y que entre este atrasado pueblo por las vías del progreso de la civilización”.

El 14 de febrero de 1875 ya se habían recibido los planos de la casa-escuela elaborados por el maestro de obras José Gabriel Pérez Martín, que cobró por su trabajo 55 pesetas. Sin embargo, el proyecto fue reformado, pues el 24 de diciembre de 1876 el pleno adoptó el acuerdo de pagar otras 50 pesetas a León Felipe Fernández, “por la reforma del plano, presupuesto y memoria descriptiva de la fábrica que con destino á casa escuela de niños piensa construir este Ayuntº”.

El documento para obtener una subvención oficial resultó defectuoso en su forma y el expediente fue devuelto al Ayuntamiento “para que lo reforme, así como el plano, proyecto y presupuesto de la obra por estar autorizado por personas incompetentes” y la corporación, reunida el 24 de agosto de 1877, discutió el asunto con detalle y acordó “cumplir lo dispuesto cuando se pueda por no haber en esta isla arquitecto alguno á quien encomendarle la formación del plano y condiciones facultativas de las obras”.

En agosto de 1889, la Junta Provincial de Instrucción Pública remitió una comunicación el Ayuntamiento de Fuencaliente relativa a la creación de una escuela incompleta de niñas en el municipio, y la corporación contestó que “aunque reconoce lo necesario de la instrucción pública como base del adelanto moral y material de los pueblos, pero que atendiendo á la mala situación económica del municipio, la absoluta falta de local a propósito y lo distante de los barrios en que está dividido este término que impide que los padres manden sus hijos á la escuela, no considera conveniente desde luego á los intereses del pueblo la creación de dicha escuela; que en mejorando la crisis económica que atraviesa la localidad el Ayuntamiento se esforzará en construir un edificio para escuelas en lugar adecuado y entonces creará con satisfacción la indicada escuela de niñas”.

Un grupo de parroquianos delante de la iglesia de Fuencaliente

La sesión plenaria del 8 de junio de 1890 abordó el expediente “instruido á instancia de varios vecinos la solicitud de reducir á incompleta la escuela elemental de niños y crear otra entre las aldeas de Quemados e Indias, y de conformidad con lo informado por la Comisión se acordó solicitar del Gobierno de S.M. se digne acceder á la petición solicitada por las razones y fundamentos expuestos en dichos informes…”.

Otro hecho importante en la historia del municipio fue la recepción de los libros que formaron la primera biblioteca. El pleno del 21 de marzo de 1897 se dio por enterado “con la mayor satisfacción” de una comunicación del director general de Instrucción Pública, de 19 de febrero, remitida por el diputado palmero Pedro Poggio y Álvarez, por la que se concedía una biblioteca popular a Fuencaliente, acordándose agradecer “este importante donativo que redundará seguramente en lo sucesivo en pro de la cultura de este pueblo y que el diputado se hiciera cargo de recoger el fondo pasando nota de los gastos de embalaje y transporte para su abono”.

En expresión de reconocimiento al citado político palmero, cuyo notable desvelo se tradujo, entre otras acciones destacadas, en la consecución de obras públicas de tanta importancia para este pueblo y la isla, como el trazado de la carretera general del Sur y el faro de Punta de Fuencaliente, el pleno municipal, en su sesión del 19 de septiembre del citado año, acordó distinguirle con el nombramiento de Hijo Adoptivo.

Fotos: Archivo Juan Carlos Díaz Lorenzo

Juan Carlos Díaz Lorenzo [Cronista Oficial de Fuencaliente de La Palma]

La tradición oral dice que la primera sede del Ayuntamiento de Fuencaliente -constituido, por segregación de Mazo, en 1837- estuvo en una casa de dos pisos situada en el barrio de Los Quemados, edificación que existe en la actualidad. El inmueble era propiedad de la familia Morera, que tuvo un protagonismo relevante en la historia local en la segunda mitad del siglo XIX.

Dicha casa la heredó Pedro Morera Leal, quien, a finales de la década de los años veinte del siglo XX la vendió a Demetrio Hernández Hernández. De la escritura otorgada se desprenden una serie de aspectos curiosos que citaremos por su interés.

Reconocidos los otorgantes, el documento, que se refiere a una “suerte de tierra”, cifra una superficie de cuatro celemines -es decir, 17 áreas y 49 centiáreas- y “contiene este terreno dentro de sus linderos y medida, casas deterioradas y aljibe y además un alambique de destilar aguardiente que está precintado por el Administrador de Puertos Francos”. Con posterioridad, el citado alambique fue propiedad de Manuel Díaz Duque, que lo trasladó a su propiedad en el barrio de Los Canarios.

Demetrio Hernández pagó cuatro mil pesetas por la propiedad, de las que mil pesetas las abonó “antes de ahora” y el resto, en el plazo de un año. La escritura refiere, a continuación, que “los enseres y muebles que contiene la casa, que son dos camas de madera, dos mesas, una pequeña bodega con pipas vacías y con vino, una imagen, un crucifijo, un telar y otras varias cosas quedarán en dicha casa, pero reservado todo a favor del vendedor, el cual tiene un plazo de tres años a contar desde hoy para recogerlas”.

Primera sede del Ayuntamiento, en Los Quemados, antes de su restauración

Agrega, además, que “existiendo en dicha casa un lagar que tampoco va incluido en la venta, el vendedor, cuando trate de venderlo, sería al propio comprador y por el precio de 400 pesetas. No obstante, el comprador podrá trasladarlo al sitio que tenga por conveniente dentro del mismo pago de Los Quemados y procurando siempre el buen estado de conservación”.

En el punto cuarto del documento se dice que “el vendedor conservará el derecho de encerrar mosto en las antedichas cosas por el plazo de tres años a contar también desde hoy y el comprador permitirá el alojamiento por dos o tres días en cada una de las veces que tenga el vendedor que ir a dicho pago dentro del plazo de tres años a contar también de hoy, con derecho el vendedor a usar del agua que necesitare en dicho plazo, así como también a emplearla en fábrica que el vendedor pudiera hacer”.

Y advierte, en el punto quinto, que “si dentro de los repetidos tres años el comprador hiciese uso de trasladar el lagar sea adonde fuere, dentro del expresado pago de Los Quemados, tendrá este la obligación de dar al vendedor en dicho sitio el agua necesaria para las operaciones de la pisa y local a propósito para encerrar el mosto cerca de dicho lugar”. Los derechos reales del comprador importaron 197,80 pesetas y los del vendedor, 11,33 pesetas.

Traslado a Los Canarios

No obstante, la construcción de una casa consistorial fue uno de los objetivos que se plantearon los sucesivos gobiernos municipales, con mayor o menor fortuna, aunque la falta de recursos económicos demoró su consecución durante bastante tiempo.

Hasta que se pudo disponer de una casa propia, la corporación celebró sus reuniones y sesiones plenarias en casas alquiladas y, según se desprende de los libros de actas, además de la que ocupó en Los Quemados también utilizó otras viviendas en Los Canarios antes de que se pudiera disponer de la nueva casa consistorial, inmueble que existe hoy en día.

La construcción del edificio fue cosa de todos. La corporación, en su reunión del 8 de noviembre de 1874, acordó que “se siga excitando el patriotismo del vecindario y de la comisión vecinal abierta a fin de que en producto se dispongan para ayudar á la fábrica de unas salas capitulares y audiencia del Juzgado municipal, y que siendo un edificio de tanta urgencia se presente el presupuesto de lo que asciende en importe á fin de examinándolo acordar lo que corresponda”.

La contribución de los vecinos resultó generosa. Y así se pone de manifiesto en la sesión del 29 de noviembre siguiente:

“El Ayuntamiento quedó satisfactoriamente enterado de que D. Pedro Cabrera Pérez, de esta vecindad, había facilitado al Sr. Alcalde-Presidente la suma de cuarenta y un pesos corrientes, cuatro reales plata, ó sean ciento cincuenta y cinco pesetas sesenta y dos céntimos para la compra de siete docenas de tablas de forro y tres ticeras, destinadas a la fábrica que se proyecta hacer para una Casa Capitular, y sus dependencias, acordando se tenga en cuenta para que se incluya esta suma y más necesaria para otro objeto en el nuevo presupuesto inmediato de 1875 ó 76, satisfaciéndose religiosamente á él referido D. Pedro Cabrera Pérez y dándole gracias por su desinteresado préstamo”.

El 18 de abril de 1875, la corporación, con su alcalde Domingo Pérez y Pérez recién elegido, recobró el asunto de la construcción del nuevo Ayuntamiento. En la sesión, el regidor Antonio Pérez Hernández pidió la palabra “para exigir una petición de carácter urgente e interesante para el pueblo”, al recordar que la anterior corporación, “con notable patriotismo” había iniciado la fábrica de una sala capitular que “sea propiedad del municipio”, como así de una casa-escuela “para colocar la de niños” y en la que se habían hecho algunos trabajos preliminares con un préstamo de los vecinos Pedro Morera Yanes y Pedro Cabrera Pérez, “comprando alguna madera con dicho objeto, que ésta no se sabe dónde para ni quien la tenga, que tiene entendido se halla diseminada y que no se quiere hacer solidario de la responsabilidad que pueda rehacer por dicho abandono y que lo hacía presente en el Ayuntamiento para que resolviese sobre este vital asunto”.

En la discusión del asunto intervinieron varios concejales, que señalaron, además, que “la teja que se había comprado para dicha obra pública se hallaba donde mismo la desembarcaron”.

El acuerdo adoptado fue el siguiente:

“1.- Exigir al Ayuntamiento saliente entregue bajo inventario la madera comprada con el metálico prestado por D. Pedro Cabrera Pérez y D. Pedro Morera Yanes y que trayendo los vecinos la que tuvieren en su poder, se deposite en la forma debida.

2.- Que por medio de la prestación personal se acarree la teja y se coloque en un punto conveniente y de seguridad.

3.- Que se traslade la piedra de cal que se contrató para las obras y se gestione para que se fabrique dicha cal.

4.- Que se principió desde el día 26 del actual á labrar la piedra que se ha arrancado para poder desocupar el sitio donde se han de cimentar las obras.

5.- Que para todo lo expuesto y lo más conveniente á dichos trabajos nombrar una comisión los cuales exigirán cuentas, llevarán notas de los jornales y activarán el realizamiento patriótico y laudable fin como para el pueblo de dicha obra pública”.

Primera sede del Ayuntamiento en Los Canarios

El 16 de mayo la corporación municipal decidió la ubicación del nuevo Ayuntamiento, en el que “todos los concurrentes dieron su razonada opinión” y se acordó: “Que no creyendo conveniente se fabrique dicho edificio en el sitio donde se principió a arrancar la piedra por ser muy inmediato a la casa del párroco, se verifique más al naciente, en la explanada que existe por donde cruzan los caminos que van para la Ciudad y para el Valle; que se lleve a efecto el trabajo por jornales o administración utilizándose la prestación personal por ser más conveniente y que para la cantidad que se presupuesta se forme por personas entendidas en carpintería y albañilería al respectivo presupuesto cuyos datos tomará la Comisión de Obras Públicas, y que se lleve a efecto la obra con la urgencia debida”.

En la sesión del 12 de septiembre siguiente el alcalde manifestó “la urgencia de concluir la fábrica de la nueva Casa Capitular” y el 31 de octubre del citado año se dispuso que “todas las bestias vayan al Puertito el día 6 del próximo noviembre a dar su prestación acarreándose la piedra de cal que en dicho puerto tiene el ayuntamiento para la fábrica de las nuevas salas capitulares, procediendo el señor alcalde en caso de desobediencia con arreglo a las ordenanzas municipales”.

No hemos encontrado en los libros de actas la fecha exacta de la inauguración del nuevo edificio, pero según se desprende por los términos empleados en diversos acuerdos plenarios posteriores en los que se hace alguna breve referencia, parece claro que el nuevo Ayuntamiento ya cumplía en 1876 la función para la que había sido edificado.

El edificio compartía la actividad administrativa del municipio con el juzgado de paz y, además, albergaba la escuela de niños, por lo que pronto se quedó pequeño.

En abril de 1914, la corporación, “considerando lo estrecho del local de las Salas Capitulares en las que debe haber un cuarto separado para audiencia del Juzgado Municipal y la falta de recursos del municipio para acometer la reforma necesaria y ampliación de este salón de sesiones”, después de debatir con amplitud la cuestión, acordó por unanimidad que “con auxilio de la prestación personal y producto que den voluntariamente los vecinos por solares sobrantes de la Plaza de la Iglesia que hayan aprovechado y según alcance lo que se reúna sin gravar el presupuesto, se proceda á ensanchar esta Casa Capitular por la parte del naciente”.

En junio de 1918 concluyeron los trabajos de ampliación y reforma y “acordose trasladar á la misma el despacho público de este Ayuntamiento y que se proceda al arreglo del cuarto de corrección que está en mal estado, poniéndose además un piso de madera y puerta para el retrete”.

El nuevo Ayuntamiento

El hecho de no disponer de un edificio “modesto, pero decente” fue motivo de preocupación, como se pone de manifiesto a comienzos de la década de los cuarenta, cuando el alcalde Gumersindo Curbelo Yanes decía que “varias veces habíamos pasado la vergüenza, ante algunos visitantes, de tener que efectuar nuestras entrevistas y cambios de impresiones en la propia calle, o de pie en la sala estrecha y desamueblada, que teníamos alquilada”.

Se propuso, entonces, encontrar una solución inmediata a esta carencia, pese a que el municipio no disponía de medios económicos suficientes y además reconocía que “por nuestros propios esfuerzos sería imposible realizar obra alguna, por pequeña que esta fuera”.

El 24 de marzo de 1944, la Comisión Gestora del Ayuntamiento de Fuencaliente acordó encargar el proyecto de una casa consistorial al arquitecto Tomás Machado y Méndez Fernández de Lugo. La cosecha de ese año había sido mala y el pleno se dirigió al Subsecretario del Trabajo, Esteban Pérez González, hermano del ministro de la Gobernación, exponiéndole estos extremos y solicitándole ayuda económica para mitigar el paro, indicándole como obra de primera necesidad la construcción de la Casa Ayuntamiento.

Esteban Pérez, que también era presidente de la Junta Interministerial de Obras, contestó el 3 de agosto del citado año enviando una ayuda económica de 100.000 pesetas. El 29 de octubre de ese mismo año dieron comienzo los trabajos que finalizaron en un día señalado para el régimen: 18 de julio de 1945. Con motivo de la visita que hizo a La Palma Esteban Pérez González -que fue nombrado Hijo Adoptivo de Fuencaliente-, el nuevo edificio se inauguró el 12 de agosto siguiente.

Sede actual del Ayuntamiento de Fuencaliente de La Palma

El presupuesto de la obra, con solar incluido, ascendió a 125.438,60 pesetas. Enterado el ministro de la Gobernación, Blas Pérez González, de la falta de medios económicos para amueblar modestamente el nuevo edificio, éste hizo una donación de 15.500 pesetas. El edificio, de planta cuadrada, consta de alcaldía, sala de sesiones, secretaría, oficinas generales, juzgado de paz, archivos y servicios higiénicos.

La expresión de júbilo se hizo patente, como se recoge en el libro de actas:

“Hoy, y gracias a la ayuda de estos buenos hijos de La Palma, podemos recibir a nuestros ilustres visitantes en una modesta casa, con el orgullo de todo propietario que ha llegado a adquirir algo que ni remotamente soñaba.

¡Que esta obra no caiga en el vacío nunca, y al igual que las demás realizadas en este pueblo, sirvan de estímulo a sus vecinos y de recuerdo imperecedero para aquellos a quien se les debe”.

Publicado en Diario de Avisos, 9 de mayo de 2004