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Juan Carlos Díaz Lorenzo

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Juan Carlos Díaz Lorenzo

La iglesia de San Antonio abad tiene una airosa espadaña, hecha en piedra de cantería, que se terminó de fabricar en 1866, en virtud del testamento de Antonio de Paz Camacho –otorgado el 24 de octubre de 1864–, en el que dejó un donativo de 1.000 pesos “y que si sobraba alguna cosa se invirtiere en la que más necesitase dicha parroquia”. Gracias a la generosidad de otros hijos de Fuencaliente residentes en Cuba, Manuel García y Vicente Hernández Cabrera, donadas por éstos llegaron las nuevas campanas, que fueron instaladas el 18 de agosto de 1867.

A comienzos del siglo XX la iglesia de San Antonio fue objeto de una nueva ampliación, sin que por ello perdiera su carácter humilde. En 1901, el presbítero José Antonio Brito constituyó una Junta Patriótica con la finalidad de recabar fondos para ensanchar y restaurar el templo, situado a la vera del camino real que enlazaba la capital insular y los pueblos del valle de Aridane.

El encalado de la ampliación de la iglesia, en pleno proceso

La corporación municipal respaldó la iniciativa y en septiembre del citado año adoptó un acuerdo en el que excitaba “el celo del vecindario y su patriotismo para que voluntariamente contribuyan con las prestaciones necesarias para el ensanche de la Iglesia parroquial y plaza pública, que actualmente se lleva a efecto por subvención vecinal”.

Pese a sus limitados recursos, el pueblo fuencalentero respondió a la petición con generosidad y con el apoyo e influencia del secretario de la corporación local, Luciano Hernández Armas, los trabajos dieron comienzo en las semanas siguientes.

Las obras, sin embargo, tuvieron sus altibajos y enfrentaron al cura y el Ayuntamiento. El pleno, reunido el 8 de junio de 1902, informó de la decisión del párroco Tomás Brito, de que “á causa de la carencia de fondos para sufragar los gastos que exige la reedificación de nuestro templo parroquial y saldar los compromisos contraídos con dichas obras, se ha visto en el desagradable paso de tener que suspender dichas obras hasta que varíen las circunstancias que le han impulsado a tomar dicha determinación”.

La corporación no ocultó su desagrado por este hecho y así lo hizo constar:

“Que el Sr. Cura, de por sí y sin acuerdo de la Junta Patriótica, haya tomado la indicada determinación que ocasiona un lamentable conflicto que se podía haber solucionado si se hubiere puesto de acuerdo con la Junta, que ha reunido cantidades de consideración, que han de pasar de siete mil pesetas y que se le han entregado a dicho Sr. Cura como tesorero de la misma, y con el fin de evitar cuestiones desagradables, que por lo pronto no se dé ninguna queja del Sr. Obispo acerca de este asunto”.

Solucionado el malentendido, el 10 de febrero de 1904 se celebró la solemne función religiosa de su inauguración, que estuvo presidida por el arcipreste de La Palma, José Puig y Codina, en la que predicó “un elocuente discurso” el cura párroco de la villa de Breña Alta, Elías Pérez Hernández.

La crónica del periódico “La Solución” agrega que “la concurrencia fue numerosísima”. El ayuntamiento pleno, presidido por el alcalde Antonio de Paz Armas, había acordado en sesión plenaria anterior “concurrir en corporación” a la bendición del templo parroquial. La cubierta se recubrió en su interior con un falso techo decorado con varias pinturas de Ubaldo Bordanova, que corresponden a los evangelistas Marcos, Mateo, Lucas y Juan, así como una alegoría a San Antonio abad.

Bibliografía:

Díaz Lorenzo, Juan Carlos. “Fuencaliente. Historia y tradición”. Madrid, 1994. 

Juan Carlos Díaz Lorenzo

Este sacerdote de origen catalán, de grata e inolvidable memoria, fue párroco de Fuencaliente de La Palma en varias etapas comprendidas entre 1927 y 1945. El primer contacto del padre José Pons Comallonga con la parroquia de San Antonio abad se produjo en mayo de 1927, si bien su firma no aparece en los libros parroquiales hasta febrero de 1928. Aún después de que fuera destinado a otras parroquias de la isla, el humilde sacerdote mantuvo un contacto asiduo con el pueblo fuencalentero, que honra su memoria con una céntrica calle en el barrio de Los Canarios.  

En 1935 recibió de nuevo el encargo y según se cita en la instrucción, “el obispo le obligó urgentemente a hacerse cargo también de la parroquia de Fuencaliente, lo que cumplió inmediatamente”. Según consta en el citado documento, “el anterior párroco, a causa de una enfermedad contraída en los barcos, se cargó de deudas, que no pudo llegar a pagar, lo que causó grave escándalo en el vecindario y demás sitios de la isla, por tratarse de tiempos de la República”[1].

El padre Pons Comallonga, en Fuencaliente de La Palma, con un grupo de feligreses

El padre Pons decía misa en Las Manchas y en Fuencaliente y en menos de tres horas recorría a pie la distancia que existe entre ambas parroquias. En la de san Antonio abad contó con destacados colaboradores, caso del sacristán Vicente Hernández Hernández, “santolario”, y de su esposa Vicenta Hernández Santos, padres de Antonio Hernández Hernández, primer sacerdote nacido en el municipio.

Desempeñó una gran labor en la catequesis, que impartía tanto en las escuelas como en otros lugares, al aire libre, junto a una cruz de caminos, donde se reunía con los niños. Los últimos años de su vida los pasó en el monasterio del Císter, en Breña Alta, en el que falleció el 26 de agosto de 1964. El funeral se celebró en la parroquia de El Salvador y la homilía, cargada de gran emoción, estuvo a cargo del insigne sacerdote palmero Luis van de Walle y Carballo.

Además del pueblo de Fuencaliente de La Palma, en otros municipios de la isla –Los Llanos de Aridane y El Paso– tiene una calle con su nombre, lo mismo que el grupo escolar de San Isidro, en Breña Alta. El pleno del Ayuntamiento de Los Llanos de Aridane, en sesión ordinaria celebrada el 25 de febrero de 1988, adoptó el acuerdo de solicitar de las autoridades eclesiásticas la declaración del padre José Pons como siervo de Dios y su consiguiente beatificación y canonización.

Panorámica del barrio de Los Canarios (c. 1920)

Panorámica del barrio de Los Canarios (c. 1920)

Nuestro personaje nació el 20 de febrero de 1875 en San Vicente de Fals, un barrio de Manresa (Barcelona), en el seno de una familia humilde de la que era el menor de cinco hermanos. En 1887 ingresó en el seminario de Vich, del que salió en febrero de 1895 para incorporarse al regimiento de infantería de Cantabria. En junio siguiente se encontraba en periodo de instrucción en Pamplona a las órdenes del capitán Sanjurjo. Después de la jura de bandera y ascendido al empleo de cabo, la unidad a la que pertenecía salió en ferrocarril hacia el puerto de Santander, donde embarcó el 22 de noviembre a bordo del trasatlántico “Montevideo”, en viaje a La Habana, a donde llegó el 7 de diciembre.

A continuación participó en las operaciones de Santa Clara y posteriormente en las de Cienfuegos y Pinar del Río. En octubre de 1898 el cabo Pons fue hospitalizado y a principios de noviembre fue repatriado a España a bordo del buque “Los Andes”. A su regreso a Barcelona y repuesto de sus dolencias, ingresó de nuevo en el seminario, en el que el 19 de septiembre de 1902 recibió las órdenes menores de manos del obispo Tomás Torras y Bages. Al año siguiente recibió las órdenes mayores y el 24 de septiembre de 1904, el presbiterado.

Las secuelas de su estancia en Cuba no habían desaparecido y, aquejado de disentería, se le aconsejó que se trasladara a vivir a Canarias, por las mejores condiciones del clima. En agosto de 1905 llegó a Santa Cruz de Tenerife. Su primer destino fue la parroquia de Alajeró (La Gomera) y en julio de 1906 se trasladó a Santo Domingo de Garafía. En marzo de 1908 fue nombrado párroco de San Bartolomé de Tejina y en mayo de 1909 pasó a la parroquia de El Sauzal. En noviembre de 1912 tomó posesión de la parroquia de Buenavista del Norte y entre abril y septiembre de 1915 marchó a Vich, con la debida autorización del obispo nivariense.

En enero de 1917 se hizo cargo de la feligresía de Valle de Guerra, que sería elevada a parroquia en 1925. En enero de 1928 fue trasladado a Adeje y en julio de 1920 volvió de nuevo a Buenavista del Norte, donde permaneció hasta agosto de 1921, en que pasó a la capellanía del Hospital Civil de Santa Cruz de Tenerife. Aquí permaneció hasta julio de 1924, fecha en la que tomó posesión de la parroquia de San Antonio de Padua, en El Tanque.

Estando en este destino pidió permiso al obispo fray Albino para retirarse a la trapa de Getafe (Madrid), en donde permaneció cuatro meses, pero como carecía de buen oído musical para el canto gregoriano –que era uno de los requisitos del monasterio–, decidió regresar a su diócesis y en julio de 1926 viajó a La Palma en compañía de su obispo. En octubre de ese mismo año y a consecuencia de un delicado asunto surgido con el párroco de Tazacorte, Ángel Fernández de la Guerra, José Pons fue encargado de la administración del santuario de Las Angustias y después, con carácter eventual, de la parroquia de San Miguel.

En noviembre de 1928 pasó a regentar la parroquia de Agulo. En mayo de 1931 fue nombrado párroco de Las Manchas, etapa en la que se vinculó definitivamente con la historia religiosa de La Palma. La construcción del cementerio de la localidad fue una de sus contribuciones más notables, como así se le tiene reconocido. Es posible que finalizada la guerra civil, entre septiembre y octubre de 1939 viajara a su tierra natal, aunque al parecer no fue bien recibido en la diócesis de Vich. En 1940 concurrió en segunda intentona a las oposiciones para obtener una parroquia en propiedad, lo que logró y pidió permanecer en Las Manchas.

En la ermita de San Nicolás de Bari permaneció hasta julio de 1945, en que fue llamado para solucionar otro asunto delicado en la parroquia de san José, en Breña Baja. El 27 de mayo de 1946 fue nombrado capellán del monasterio del Císter, que había sido fundado el 27 de marzo de ese mismo año por Dolores van de Walle y Fierro, viuda de Sotomayor. El obispo de Tenerife, fray Albino, lo presentó a la comunidad de religiosas como persona de entrañables virtudes y dijo que no lo había dejado marchar de su diócesis “porque quería tener en ella a un santo”. El padre Pons asumió su nuevo mandato aunque siguió colaborando en la catequesis de las escuelas de la comarca de Las Breñas. De suerte que en 1954, cuando contaba 80 años de edad, la impartía a 18 grupos.

Se cuenta que desde 1912, a la edad de 37 años, el cura Pons practicaba una singular penitencia, que consistía en dormir en un cajón y una piedra por almohada. Se alimentaba de manera pobre, a base de frutas, papas y almendras. Vecinos de Las Manchas aseguran que le vieron una especie de cocina muy rudimentaria y una pileta para lavar la ropa. La estampa más popular que de él se recuerda es la de caminante, calzado con alpargatas negras, calcetines rotos y sotana descolorida, a lo largo de la carretera general del sur camino de Fuencaliente de La Palma.

Bibliografía

Díaz Lorenzo, Juan Carlos. Fuencaliente. Historia y tradición. Madrid, 1994.

Rodríguez Jiménez, Víctor. D. José Pons, biografía y testimonio. Los Llanos de Aridane, 1990.

Nota:

[1] Rodríguez Jiménez, Víctor. D. José Pons, biografía y testimonio. Ayuntamiento de Los Llanos de Aridane, 1990.

Fotos: Archivos de Juan Luis Curbelo Juan Carlos Díaz Lorenzo.

Juan Carlos Díaz Lorenzo

Una de las calles más céntricas del casco de Los Canarios, que confluye en la intersección con la carretera general del Sur a su paso por el municipio de Fuencaliente de La Palma, lleva el nombre de Octavio Santos Cabrera. Rinde homenaje a la memoria de un joven inquieto que se fue demasiado pronto, con apenas 27 años, después de padecer durante tres décadas una enfermedad renal.

Nació el 10 de enero de 1950 en Las Caletas, segundo de los hijos de Miguel Santos Pérez e Isia Cabrera. Desde pequeño sintió una gran inquietud por el mundo del arte, la cultura y el deporte y figura entre los promotores de diversas iniciativas, en una época de medios escasos. Participó en la creación de un grupo de teatro, un taller de fotografía, la rondalla Azuquave y el teleclub de Fuencaliente, del que fue su presidente.

Octavio Santos Cabrera (1950-1977)

Participó y ganó varios premios de poesía a nivel insular y regional y, de manera especial, destacó su labor informativa en las páginas de Diario de Avisos, cuando se produjo la erupción del volcán Teneguía, en octubre de 1971. De suerte que mereció el calificativo de cronista del volcán debido al celo y atención preferente que puso en sus constantes informaciones de cuanto acontecía en las páginas del decano de la prensa de Canarias.

Octavio Santos Cabrera, junto a Domingo Acosta Pérez, Luis Ortega Abraham y otros periodistas que establecieron su cuartel general en el bar Parada, propusieron que el nombre del nuevo volcán fuera Teneguía, debido a su proximidad al roque de su mismo nombre. Como es tradición en los volcanes palmeros, se había barajado el hagiónimo de San Evaristo y el topónimo de El Búcaro, entre otros.

Una larga enfermedad renal, que padecía desde los doce años, cegó su vida el 23 de diciembre de 1977. Recordamos el hondo pesar que produjo su temprano fallecimiento en la víspera de Nochebuena. Su especial sensibilidad con ese entorno le había llevado a participar activamente en la asociación ALCER. La calle a la que hemos hecho mención, fue inaugurada el 2 de abril de 1978 –en tiempos del alcalde Florencio Pérez y Pérez– y en aquel emotivo acto tuvimos el honor de intervenir.

Juan Carlos Díaz Lorenzo

De nuevo, y hemos perdido la cuenta, los vinos de La Palma vuelven a ser buena noticia. La Guía Peñín edición 2015, correspondiente a su 25ª edición, concede su máxima calificación a dos malvasías, naturalmente dulces, de Fuencaliente de La Palma, catalogados como Vinos Excepcionales: Teneguía Malvasía Dulce Estelar 1996, con una puntuación de 96 puntos sobre cien; y Carballo Malvasía Dulce 2001, con una puntuación de 95 puntos sobre el mismo listón. 

Además de los dos Vinos Excepcionales mencionados, otros nueve vinos palmeros han obtenido la calificación de Vinos Excelentes; y 26 la de Vinos Muy Buenos. La Guía Peñín es un referente en el sector y está considerada como el vademécum español. Elaborada por José Peñín, es la más leída y de mayor difusión y se publica en español, inglés y alemán. Incluye algo más de diez mil catas correspondientes a vinos de unas dos mil bodegas de ámbito nacional.  

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El producto de los viñedos de malvasía en Fuencaliente está de enhorabuena

Foto: Jovita Torres Lorenzo

Juan Carlos Díaz Lorenzo

Nació el 4 de octubre de 1952 en Villa de Mazo, hijo de Antonio Hernández Pérez y de María Santos Brito. Su niñez transcurrió en su pueblo natal, en una casa contigua al Ayuntamiento en compañía de sus padres y una única hermana, María Teresa. Allí se sucedieron los juegos infantiles, las alegrías, los primeros trabajos en un cálido ambiente de armonía familiar, sólo rota por la prematura muerte de su padre.

Realizó los estudios primarios en el colegio de la villa y posteriormente en la capital palmera, en el entonces único instituto que lleva el nombre del célebre político fundador del Partido Republicano Palmero, nacido, precisamente, en Mazo. Obtuvo el título de bachiller superior, después hizo el Preu y compaginaba los estudios con diversos trabajos que contribuían a sostener la economía familiar.

Antonio Francisco Hernández Santos (1952-1991)

En 1974 aprobó unas oposiciones convocadas por el ayuntamiento de Villa de Mazo, para ocupar plaza de oficial de la escala técnico-administrativa, de lo que tomó posesión el 2 de mayo del citado año, ante el secretario de la corporación local, Enrique Aznárez Martín.

A partir de entonces su labor en el Ayuntamiento no se limitó a su cargo de oficial, tarea que realizó durante ocho años y medio, sino que, además, durante largos periodos intermedios –seis años y cinco meses- desempeñó funciones de secretario accidental por diversos motivos, en tiempos en los que no se disponía de los medios técnicos actuales y humanos y Villa de Mazo no era una excepción.

La experiencia que adquirió en esta época, junto a la proporcionada por los estudios de Derecho en la Universidad de La Laguna, le animó a presentarse a pruebas selectivas para cubrir plaza de funcionario de Administración Local, con habilitación nacional, sub-escala de secretaría-intervención ante el tribunal constituido al efecto en la Comunidad Autónoma de Canarias, las que superó y asistió al curso selectivo celebrado en Madrid, figurando, a partir del 1 de julio de 1989, integrado en la mencionada subescala.

Antonio Francisco Hernández Santos tuvo que participar en el concurso de traslado y obtuvo plaza definitiva en el Ayuntamiento de Alajeró, a donde se trasladó con su familia y comenzó lo que parecía ser una larga estadía en este pueblo del sur de La Gomera. Sin embargo, el 24 de julio de 1989, en contestación al escrito del alcalde de Fuencaliente de La Palma, de 30 de junio del citado año, fue autorizado para una comisión de servicio a la plaza de secretario[1].

Nuestro protagonista regresó entonces a su isla natal, aunque no cesaron sus relaciones con el Ayuntamiento de Alajeró, al que siguió asesorando en asuntos de intervención.  Su estancia en el Ayuntamiento de Fuencaliente de La Palma constituyó el mejor momento de su vida profesional, regido por un afán de superación y modernización de la vida municipal, lo cual le llevó a asistir a cursos de Ordenamiento Urbanístico, jornadas sobre Presupuesto y Contabilidad, Tratamientos Estadísticos…, que compaginó con su familia y dos grandes aficiones: los coches antiguos y la agricultura. Sin embargo, todo se truncó cuando falleció el 19 de enero de 1991, a la edad de 38 años. Tiempo después, el pleno del Ayuntamiento le concedió honores y una calle del barrio de Los Canarios lleva su nombre.

Foto: Archivo de Juan Carlos Díaz Lorenzo

Nota: 

[1] Díaz Lorenzo, Juan Carlos. Fuencaliente. Historia y tradición. p. 345. Madrid, 1994.

Juan Carlos Díaz Lorenzo

El sumiller Josep Roca, copropietario del Celler de Can Roca, considerado uno de los santuarios gastronómicos del país, situado en Girona, ha publicado un artículo en el periódico “La Vanguardia”, en el que elogia las características del vino malvasía aromática dulce 2011 de Matías i Torres, firma familiar en quinta generación, dirigida por Victoria Torres Pecis y establecida desde finales del siglo XIX en Fuencaliente de La Palma.

“La Vanguardia”, fundado en 1881 en Barcelona, es uno de los periódicos más importantes de España y el más influyente de Cataluña. Los hermanos Roca, Jordi, Josep y Joan, definen el Celler de Can Roca como “el mundo dulce, el mundo líquido, el mundo salado. La cocina, la sala, la bodega; el arte, la técnica, el diálogo. Luz, espacio, personas; objeto, mirada, instante. En El Celler, todo es un juego a tres bandas”.

El néctar de dioses es la suma de las cepas, el terreno volcánico y la sabiduría y dedicación constante

Victoria Torres, quinta generación, imprime una nueva dinámica en Matías i Torres

El Celler de Can Roca es un restaurante free-style, “de  cocina en libertad, comprometida con la vanguardia creativa, sin renunciar a la memoria de las generaciones de antepasados de la familia dedicadas a dar de comer a la gente. El compromiso con la cocina y con la vanguardia, además de su vinculación con el academicismo, ha conllevado a una defensa del diálogo permanente con los productores y con los científicos, al diálogo total”.

El artículo de Josep Roca, ilustrado con una botella de 50 cl de malvasía dulce, es breve y dulce, como el vino al que elogia. Define los encantos indiscutibles del fruto final convertido en líquido de los dioses y lo hace con evocación a la figura de Pablo Neruda, en el siguiente tenor literario bajo el título “Evocación del infinito en La Palma”:

“Un vino naturalmente dulce, de contemplación, de sorbo lento, hechicero, nocturno, para mirar el cielo y seguir a Neruda cuando, inspirándose en los cielos de Chile, recitaba: “La noche está estrellada y tiritan azules, los astros a lo lejos…”. Victoria T. participa del legado de ser quinta generación transitando por una isla bonita, hechicera. La Palma es uno de los mejores lugares del mundo para observar las estrellas. Cuentan que en La Palma, el cielo es sagrado, protegido, como su viñedo. Victoria mantiene el laboreo tradicional: plantas sin injertar, secano estricto, viñedos de 50 a 70 años, mantenimiento de las uvas locales albillo criollo, negramoll, las machuqueras-listan blanco, diego y la original malvasía aromática palmera que prensa y macera en pino-tea canario. Artesanía ancestral. Las viñas viven en Los Llanos Negros, entre un mar de agua y un mar de nubes, en las inmediaciones del monumento natural de los Volcanes de Teneguía. Se sitúan sobre lecho de lapilli, marginales, en conducción arrastrada, y algunas son centenarias. Con el clima tropical cálido, mediterráneo seco, su vendimia es tardía; su elaboración, sin paradas forzadas, sin levaduras, sin correcciones, para que fluya un vino entre generaciones, lentamente. Flores marchitas, frutas pasas, miel de palma, confitura de cítricos y sabores evocadores de plátano flambeado al ron isleño. Quizás si Neruda hubiera conocido La Palma, con una copa en mano de esta malvasía palmera admirando el cielo, sabríamos cómo es el infinito”.

Fotos: Matias i Torres

Juan Carlos Díaz Lorenzo

A Florencio Pérez y Pérez, don Florencio, le recordamos de manera especialmente grata por tres razones, entre otras. La primera, por su persona, su talante y su forma de ser; la segunda, por su generosa entrega durante muchos años como maestro nacional y la tercera, porque fue el primer alcalde constituyente en Fuencaliente de La Palma, su pueblo natal, cuyo mandato se produjo entre el 23 de enero de 1977 y el 19 de abril de 1979[1].

Entrañable conversador, buen amigo y mejor consejero, mantuvimos frecuentes encuentros y ahora evocamos las entretenidas conversaciones en la terraza de su domicilio en Los Canarios, en las tardes calurosas de las vacaciones de verano o en cualquier otro viaje al pueblo, en el que siempre era una grata obligación pasar a saludarle, a sabiendas del afecto y respeto que mutuamente nos profesábamos.

Florencio Pérez y Pérez (1904-1995)

Florencio Pérez y Pérez nació el 26 de octubre de 1904 en Las Caletas y era el tercero de los hijos del matrimonio formado por Benito Pérez Díaz y Elena Pérez y Perez. Aprendió las primeras letras siguiendo las enseñanzas del maestro nacional Luciano Hernández Díaz y en 1922, cuando contaba 18 años de edad, cruzó el Atlántico y por espacio de dos años permaneció en Cuba.

De regreso a La Palma cumplió el servicio militar y, a continuación, cursó los estudios de Magisterio en la Escuela Normal de La Laguna, en la que obtuvo su título el 1 de noviembre de 1934. De su misma época fueron otros maestros de grata memoria, como Braulio Martín, años después cronista oficial de El Paso; Antonio Cabrera, Pedro Díaz Duque y Bello Ramos.

Su primera escuela la tuvo en Tenagua (Puntallana) y en dicha etapa también impartió clases en Los Galguitos y, más tarde, en Los Sauces. Destinado a continuación a La Gomera, con escuela en Tamargada, al poco tiempo presentó su renuncia y se presentó a las oposiciones, en las que obtuvo su plaza en propiedad. En 1937 contrajo matrimonio con Delmira de Paz Hernández, de cuya unión nacieron tres hijos: Adelino, Maximino Jorge y Ángel Luis Pérez de Paz, este último fallecido en edad temprana.

En esta segunda etapa estuvo destinado en La Medida (Güímar), Aguatavar (Tijarafe), El Mudo (Garafía) y después de seis años en el citado barrio, consiguió el traslado a Los Canarios, en donde impartió la docencia hasta su jubilación en 1975[2]. El 26 de agosto de 1988 fue inaugurada una calle con su nombre en su pueblo natal, entrañable homenaje en vida en el que tuvimos el honor y la gran satisfacción de asistir. Sus últimos años de vida transcurrieron en La Laguna (Tenerife), donde falleció el 23 de diciembre de 1995.

Bibliografía

[1] Díaz Lorenzo, Juan Carlos. Fuencaliente. Historia y tradición. p. 171. Madrid, 1994.

[2] Op. cit. pp. 329-330.

Foto: Archivo de Juan Carlos Díaz Lorenzo

Juan Carlos Díaz Lorenzo

En este día se cumplen 35 años de mi nombramiento como Cronista Oficial de Fuencaliente de La Palma. Excepcionalmente, pues no es mi norma y por la efemérides de que se trata, les escribo estas líneas en primera persona, sobre todo para expresar mi agradecimiento a todas aquellas personas –incluidas las que ya no están entre nosotros– e instituciones y entidades públicas y privadas que durante estos años han tenido la gentileza de apoyarme y distinguirme en mi trabajo. En su momento fui el más joven de los cronistas oficiales de Canarias –estaba, entonces, en segundo año de carrera– y también uno de los más jóvenes de España y desde diciembre de 2009 soy el decano de los cronistas oficiales de La Palma.

Aunque muchos de ustedes me relacionan con el mundo de la mar y los barcos, por la que ha sido mi trayectoria profesional durante muchos años en la prensa tinerfeña y otros con el mundo de la aviación, en referencia a mi etapa en el equipo directivo de Binter Canarias cuando la compañía aérea regional era filial del Grupo Iberia, existe también otra faceta que es una muestra del cariño inquebrantable e incondicional que siento hacia mi pueblo natal, en mi mencionada condición de Cronista Oficial. 

Por ello he querido ofrecerles siempre el mejor conocimiento de nuestra historia, plasmada después de una labor paciente y minuciosa de investigación académica, que se ha visto reflejada en diversas publicaciones. En forma de libros, titulados “Fuencaliente. Historia y tradición” (1994), “El volcán de Teneguía. Crónica de una erupción del siglo XX” (2001) y “Los volcanes de La Palma. Una aproximación histórica” (2008), así como en numerosos artículos en la prensa y en revistas especializadas, capítulos de anuarios –caso de “Crónicas de Canarias” editado por la Junta de Cronistas Oficiales de Canarias, a la cual me honro en pertenecer– y frecuentes charlas divulgativas.

Quiero aprovechar esta oportunidad para agradecer la confianza que en su momento me otorgó el pleno de la corporación municipal de Fuencaliente de La Palma, aquel 2 de julio de 1979, en tiempos del alcalde Pedro Nolasco Pérez y Pérez y el apoyo y la estima que tengo de la la actual, presidida por Gregorio Alonso Méndez, así como a todos los concejales de las distintas corporaciones y el personal administrativo que ha formado y forma parte del Ayuntamiento. Y de todos aquellos paisanos, amigos y lectores, que son muchos, sean o no fuencalenteros y que siempre me han alentado con su aprecio en este humilde oficio de historiador. No les voy a nombrar. Ellos sabes quienes son.  

Nobleza obliga, además, enfatizar el especial orgullo y satisfacción que me produce el honroso título de Hijo Predilecto de Fuencaliente de La Palma, que recibí en jornada memorable el 20 de agosto de 2003, por acuerdo unánime y con el respaldo de numerosas adhesiones. Alto honor y compromiso más profundo e intenso, aún si cabe, compartido con mi familia, mis paisanos y mis fieles y leales amigos, algunos de los cuales tuvieron el placer de acompañarme aquel día. En la confianza de que pueda seguir haciendo más cosas, quiero tener la oportunidad de ofrecerles nuevos trabajos de investigación sobre la pequeña y gran historia de mi pueblo natal, que emerge entre volcanes, pìnos, viñedos y plataneras en el vértice sur de la isla de La Palma y el esfuerzo indesmayable de un PUEBLO, así, con mayúsculas, dueño de su mejor destino.

Y, de nuevo, les reitero mi agradecimiento. 

Juan Carlos Díaz Lorenzo

El 30 de noviembre de 1957 visitaron Fuencaliente de La Palma los ministros de la Gobernación, Obras Públicas e Industria, siendo declarados “huéspedes de honor” por la corporación local presidida por Emilio Quintana Sánchez. Con anterioridad, el pleno había acordado hacer llegar al conocimiento de las autoridades ministeriales las necesidades más urgentes del municipio, entre las que figuraba el fluido eléctrico, el abastecimiento de agua y la red de caminos vecinales.

Obtuvo pronta respuesta la primera petición, de modo que el 17 de enero de 1959, y coincidiendo con las fiestas de San Antonio abad, fue inaugurado el alumbrado eléctrico en el pueblo, formando parte del Plan de Electrificación Rural de La Palma. El acto se desarrolló “con el mayor esplendor”, como no podía ser de otro modo y correspondió al alcalde, después de un emotivo discurso, conectar la palanca que hizo ver el alumbrado público en el barrio de Los Canarios. Hasta entonces el servicio estaba limitado al fluido que proporcionaba un motor, cuyo propietario avisaba, antes de su cierre cada noche, con tres cortes breves.

Emilio Quintana Sánchez, alcalde de Fuencaliente de La Palma (1944-1970)

En el mes de junio siguiente llegó el alumbrado público al barrio de Los Quemados. “Una obra que se debe a la labor incansable del entusiasta concejal de aquel barrio, Manuel Hernández Torres (…), se acordó por unanimidad hacer constar en acta el más sincero reconocimiento a dicho concejal y concederle un amplio voto de gracias como premio a su asidua labor en pro de los intereses del municipio”, según se recoge el libro de actas municipal.

Con un presupuesto de 102.000 pesetas -cantidad apreciable para la época-, en septiembre de dicho año se acordó proceder a la instalación de teléfonos públicos en casas particulares en los barrios de Las Caletas, Los Quemados y Las Indias. Los locutorios, sin embargo, no se instalarían hasta 1966.

En el transcurso de 1959 serían inaugurados los grupos escolares de Los Quemados y Las Caletas, mejorando así sensiblemente las necesidades de los citados barrios. En 1961 se procedió a la apertura del colegio “XXV Años de Paz”, en un solar contiguo al nuevo Ayuntamiento, cuya plaza fue inaugurada en agosto de 1965.

Emilio Quintana Sánchez, don Emilio como le llamábamos todos, siempre dio muestras de honradez y de capacidad de trabajo en beneficio de su pueblo adoptivo, que le honró con su afecto y respeto -aún hoy sigue siendo recordado con gran cariño- y perpetúa su memoria con una calle en Los Canarios y otra en Las Indias. Fue un hombre de su tiempo y compaginó la docencia y la política local e insular durante varias décadas. 

Retirado de toda actividad pública y dejando tras de sí la estela de una labor intensa y fecunda, así como el recuerdo de un trabajo de constante entrega, en sus últimos años residió en Santa Cruz de Tenerife, donde falleció el 29 de agosto de 1981. Su viuda, Adoración Torres Hernández, natural de Fuencaliente, también pasaría la mayor parte del resto de su vida en la capital tinerfeña, hasta su fallecimiento, ocurrido el 14 de diciembre de 2002.

Bibliografía: Díaz Lorenzo, Juan Carlos. “Fuencaliente. Historia y tradición”. Madrid, 1994. 

Foto: Familia Quintana Torres / Archivo Juan Carlos Díaz Lorenzo