Estrenamos nueva página web.

Está disponible en el siguiente enlace:

http://www.juancarlosdiazlorenzo.com/

Muchas gracias por su interés y atención.

Saludos,

Juan Carlos Díaz Lorenzo

Anuncios

Juan Carlos Díaz Lorenzo

La iglesia de San Antonio abad tiene una airosa espadaña, hecha en piedra de cantería, que se terminó de fabricar en 1866, en virtud del testamento de Antonio de Paz Camacho –otorgado el 24 de octubre de 1864–, en el que dejó un donativo de 1.000 pesos “y que si sobraba alguna cosa se invirtiere en la que más necesitase dicha parroquia”. Gracias a la generosidad de otros hijos de Fuencaliente residentes en Cuba, Manuel García y Vicente Hernández Cabrera, donadas por éstos llegaron las nuevas campanas, que fueron instaladas el 18 de agosto de 1867.

A comienzos del siglo XX la iglesia de San Antonio fue objeto de una nueva ampliación, sin que por ello perdiera su carácter humilde. En 1901, el presbítero José Antonio Brito constituyó una Junta Patriótica con la finalidad de recabar fondos para ensanchar y restaurar el templo, situado a la vera del camino real que enlazaba la capital insular y los pueblos del valle de Aridane.

El encalado de la ampliación de la iglesia, en pleno proceso

La corporación municipal respaldó la iniciativa y en septiembre del citado año adoptó un acuerdo en el que excitaba “el celo del vecindario y su patriotismo para que voluntariamente contribuyan con las prestaciones necesarias para el ensanche de la Iglesia parroquial y plaza pública, que actualmente se lleva a efecto por subvención vecinal”.

Pese a sus limitados recursos, el pueblo fuencalentero respondió a la petición con generosidad y con el apoyo e influencia del secretario de la corporación local, Luciano Hernández Armas, los trabajos dieron comienzo en las semanas siguientes.

Las obras, sin embargo, tuvieron sus altibajos y enfrentaron al cura y el Ayuntamiento. El pleno, reunido el 8 de junio de 1902, informó de la decisión del párroco Tomás Brito, de que “á causa de la carencia de fondos para sufragar los gastos que exige la reedificación de nuestro templo parroquial y saldar los compromisos contraídos con dichas obras, se ha visto en el desagradable paso de tener que suspender dichas obras hasta que varíen las circunstancias que le han impulsado a tomar dicha determinación”.

La corporación no ocultó su desagrado por este hecho y así lo hizo constar:

“Que el Sr. Cura, de por sí y sin acuerdo de la Junta Patriótica, haya tomado la indicada determinación que ocasiona un lamentable conflicto que se podía haber solucionado si se hubiere puesto de acuerdo con la Junta, que ha reunido cantidades de consideración, que han de pasar de siete mil pesetas y que se le han entregado a dicho Sr. Cura como tesorero de la misma, y con el fin de evitar cuestiones desagradables, que por lo pronto no se dé ninguna queja del Sr. Obispo acerca de este asunto”.

Solucionado el malentendido, el 10 de febrero de 1904 se celebró la solemne función religiosa de su inauguración, que estuvo presidida por el arcipreste de La Palma, José Puig y Codina, en la que predicó “un elocuente discurso” el cura párroco de la villa de Breña Alta, Elías Pérez Hernández.

La crónica del periódico “La Solución” agrega que “la concurrencia fue numerosísima”. El ayuntamiento pleno, presidido por el alcalde Antonio de Paz Armas, había acordado en sesión plenaria anterior “concurrir en corporación” a la bendición del templo parroquial. La cubierta se recubrió en su interior con un falso techo decorado con varias pinturas de Ubaldo Bordanova, que corresponden a los evangelistas Marcos, Mateo, Lucas y Juan, así como una alegoría a San Antonio abad.

Bibliografía:

Díaz Lorenzo, Juan Carlos. “Fuencaliente. Historia y tradición”. Madrid, 1994. 

Juan Carlos Díaz Lorenzo

De nuevo, y hemos perdido la cuenta, los vinos de La Palma vuelven a ser buena noticia. La Guía Peñín edición 2015, correspondiente a su 25ª edición, concede su máxima calificación a dos malvasías, naturalmente dulces, de Fuencaliente de La Palma, catalogados como Vinos Excepcionales: Teneguía Malvasía Dulce Estelar 1996, con una puntuación de 96 puntos sobre cien; y Carballo Malvasía Dulce 2001, con una puntuación de 95 puntos sobre el mismo listón. 

Además de los dos Vinos Excepcionales mencionados, otros nueve vinos palmeros han obtenido la calificación de Vinos Excelentes; y 26 la de Vinos Muy Buenos. La Guía Peñín es un referente en el sector y está considerada como el vademécum español. Elaborada por José Peñín, es la más leída y de mayor difusión y se publica en español, inglés y alemán. Incluye algo más de diez mil catas correspondientes a vinos de unas dos mil bodegas de ámbito nacional.  

10589408_10201718485038620_1751444680_o

El producto de los viñedos de malvasía en Fuencaliente está de enhorabuena

Foto: Jovita Torres Lorenzo

Juan Carlos Díaz Lorenzo

El sumiller Josep Roca, copropietario del Celler de Can Roca, considerado uno de los santuarios gastronómicos del país, situado en Girona, ha publicado un artículo en el periódico “La Vanguardia”, en el que elogia las características del vino malvasía aromática dulce 2011 de Matías i Torres, firma familiar en quinta generación, dirigida por Victoria Torres Pecis y establecida desde finales del siglo XIX en Fuencaliente de La Palma.

“La Vanguardia”, fundado en 1881 en Barcelona, es uno de los periódicos más importantes de España y el más influyente de Cataluña. Los hermanos Roca, Jordi, Josep y Joan, definen el Celler de Can Roca como “el mundo dulce, el mundo líquido, el mundo salado. La cocina, la sala, la bodega; el arte, la técnica, el diálogo. Luz, espacio, personas; objeto, mirada, instante. En El Celler, todo es un juego a tres bandas”.

El néctar de dioses es la suma de las cepas, el terreno volcánico y la sabiduría y dedicación constante

Victoria Torres, quinta generación, imprime una nueva dinámica en Matías i Torres

El Celler de Can Roca es un restaurante free-style, “de  cocina en libertad, comprometida con la vanguardia creativa, sin renunciar a la memoria de las generaciones de antepasados de la familia dedicadas a dar de comer a la gente. El compromiso con la cocina y con la vanguardia, además de su vinculación con el academicismo, ha conllevado a una defensa del diálogo permanente con los productores y con los científicos, al diálogo total”.

El artículo de Josep Roca, ilustrado con una botella de 50 cl de malvasía dulce, es breve y dulce, como el vino al que elogia. Define los encantos indiscutibles del fruto final convertido en líquido de los dioses y lo hace con evocación a la figura de Pablo Neruda, en el siguiente tenor literario bajo el título “Evocación del infinito en La Palma”:

“Un vino naturalmente dulce, de contemplación, de sorbo lento, hechicero, nocturno, para mirar el cielo y seguir a Neruda cuando, inspirándose en los cielos de Chile, recitaba: “La noche está estrellada y tiritan azules, los astros a lo lejos…”. Victoria T. participa del legado de ser quinta generación transitando por una isla bonita, hechicera. La Palma es uno de los mejores lugares del mundo para observar las estrellas. Cuentan que en La Palma, el cielo es sagrado, protegido, como su viñedo. Victoria mantiene el laboreo tradicional: plantas sin injertar, secano estricto, viñedos de 50 a 70 años, mantenimiento de las uvas locales albillo criollo, negramoll, las machuqueras-listan blanco, diego y la original malvasía aromática palmera que prensa y macera en pino-tea canario. Artesanía ancestral. Las viñas viven en Los Llanos Negros, entre un mar de agua y un mar de nubes, en las inmediaciones del monumento natural de los Volcanes de Teneguía. Se sitúan sobre lecho de lapilli, marginales, en conducción arrastrada, y algunas son centenarias. Con el clima tropical cálido, mediterráneo seco, su vendimia es tardía; su elaboración, sin paradas forzadas, sin levaduras, sin correcciones, para que fluya un vino entre generaciones, lentamente. Flores marchitas, frutas pasas, miel de palma, confitura de cítricos y sabores evocadores de plátano flambeado al ron isleño. Quizás si Neruda hubiera conocido La Palma, con una copa en mano de esta malvasía palmera admirando el cielo, sabríamos cómo es el infinito”.

Fotos: Matias i Torres

Juan Carlos Díaz Lorenzo

En este día se cumplen 35 años de mi nombramiento como Cronista Oficial de Fuencaliente de La Palma. Excepcionalmente, pues no es mi norma y por la efemérides de que se trata, les escribo estas líneas en primera persona, sobre todo para expresar mi agradecimiento a todas aquellas personas –incluidas las que ya no están entre nosotros– e instituciones y entidades públicas y privadas que durante estos años han tenido la gentileza de apoyarme y distinguirme en mi trabajo. En su momento fui el más joven de los cronistas oficiales de Canarias –estaba, entonces, en segundo año de carrera– y también uno de los más jóvenes de España y desde diciembre de 2009 soy el decano de los cronistas oficiales de La Palma.

Aunque muchos de ustedes me relacionan con el mundo de la mar y los barcos, por la que ha sido mi trayectoria profesional durante muchos años en la prensa tinerfeña y otros con el mundo de la aviación, en referencia a mi etapa en el equipo directivo de Binter Canarias cuando la compañía aérea regional era filial del Grupo Iberia, existe también otra faceta que es una muestra del cariño inquebrantable e incondicional que siento hacia mi pueblo natal, en mi mencionada condición de Cronista Oficial. 

Por ello he querido ofrecerles siempre el mejor conocimiento de nuestra historia, plasmada después de una labor paciente y minuciosa de investigación académica, que se ha visto reflejada en diversas publicaciones. En forma de libros, titulados “Fuencaliente. Historia y tradición” (1994), “El volcán de Teneguía. Crónica de una erupción del siglo XX” (2001) y “Los volcanes de La Palma. Una aproximación histórica” (2008), así como en numerosos artículos en la prensa y en revistas especializadas, capítulos de anuarios –caso de “Crónicas de Canarias” editado por la Junta de Cronistas Oficiales de Canarias, a la cual me honro en pertenecer– y frecuentes charlas divulgativas.

Quiero aprovechar esta oportunidad para agradecer la confianza que en su momento me otorgó el pleno de la corporación municipal de Fuencaliente de La Palma, aquel 2 de julio de 1979, en tiempos del alcalde Pedro Nolasco Pérez y Pérez y el apoyo y la estima que tengo de la la actual, presidida por Gregorio Alonso Méndez, así como a todos los concejales de las distintas corporaciones y el personal administrativo que ha formado y forma parte del Ayuntamiento. Y de todos aquellos paisanos, amigos y lectores, que son muchos, sean o no fuencalenteros y que siempre me han alentado con su aprecio en este humilde oficio de historiador. No les voy a nombrar. Ellos sabes quienes son.  

Nobleza obliga, además, enfatizar el especial orgullo y satisfacción que me produce el honroso título de Hijo Predilecto de Fuencaliente de La Palma, que recibí en jornada memorable el 20 de agosto de 2003, por acuerdo unánime y con el respaldo de numerosas adhesiones. Alto honor y compromiso más profundo e intenso, aún si cabe, compartido con mi familia, mis paisanos y mis fieles y leales amigos, algunos de los cuales tuvieron el placer de acompañarme aquel día. En la confianza de que pueda seguir haciendo más cosas, quiero tener la oportunidad de ofrecerles nuevos trabajos de investigación sobre la pequeña y gran historia de mi pueblo natal, que emerge entre volcanes, pìnos, viñedos y plataneras en el vértice sur de la isla de La Palma y el esfuerzo indesmayable de un PUEBLO, así, con mayúsculas, dueño de su mejor destino.

Y, de nuevo, les reitero mi agradecimiento. 

Juan Carlos Díaz Lorenzo

Asistimos en los últimos tiempos a un llamativo cambio de imagen en Vinos Matías i Torres, que es la expresión de un renacimiento vital convertido en un desafío sin precedentes en las bodegas de La Palma. La quinta generación Torres, representada por Victoria Torres Pecis, ha elevado el listón de la marca y lo hace respaldada por la reconocida excelencia del buen trabajo de su padre, Juan Matías Torres Pérez y los caldos premiados lejos de nuestras fronteras.

Habíamos conocido en la cosecha de 2010 una llamativa experiencia denominada “Colección Minúscula” de 550 botellas de albillo, con la singular característica de que cada etiqueta era única. Ahora, su autora nos vuelve a sorprender gratamente con una renovada imagen de cada una de sus especialidades, pues no sólo distingue a la marca familiar que hunde sus raíces en el siglo XIX, sino que prestigia al buen nombre de los vinos de Fuencaliente y de La Palma.

Matias i Torres, una nueva dimensión en los vinos de La Palma

Personas e ideas como las que abriga Victoria Torres Pecis son las que ponen en valor las capacidades de la isla, y nos hace sentir felices de cómo las nuevas generaciones aceptan nuevos retos impregnados de amor por sus creencias. Todo está pensado con detenimiento, vislumbrando cada detalle y analizando las posibilidades del mercado, no sólo de los clientes habituales sino también de otros potenciales e incluso arriesgando más allá de donde la imaginación hace posible lo imposible.

En su constante torrente de ideas, la familia Torres Pecis –esencia de buen y bien hacer y de apuesta firme y decidida por el pueblo de Fuencaliente de La Palma– tiene asegurado en su hija Victoria el camino latente de un nuevo amanecer, que en parte ya es feliz realidad. La esencia de los viñedos nacidos entre volcanes otorga una marcada personalidad a la producción de los vinos locales –blancos, rosados y tintos– y entre ellos destaca la malvasía dulce, que es oro cristalino cultivado entre la negritud de las lavas centenarias y el arrullo de la brisa de los esbeltos pinares.

Foto: Matías i Torres

Juan Carlos Díaz Lorenzo

El antiguo faro de Fuencaliente fue proyectado en julio de 1892 y después de un proceso constructivo largo y costoso, debido a las condiciones de la zona y de la época, comenzó a funcionar el 3 de octubre de 1903. Todos los materiales para su construcción se trajeron navegando y se descargaron en el pequeño refugio que se encuentra al lado del propio faro, conocido entonces como Puerto Nuevo.

La piedra basáltica que sirvió para la construcción del mismo, procedía de una cantera de Arucas (Gran Canaria). Por entonces la zona carecía de agua dulce, por lo que la mayor parte de la construcción tuvo que llevarse a cabo con agua salada. Sólo el encalado pudo realizarse con agua de un aljibe cercano. La linterna inicial era cilíndrica de 2,50 metros y un aparato catadióptrica B.B.T. de un metro de diámetro que giraba sobre tejos, accionado por una máquina de relojería y que emitía grupos de tres destellos blancos. Ésta se iluminaba con una lámpara con petróleo de nivel constante, cuyos depósitos eran solidarios a la óptica y giraban sobre ella.

Los dos faros de Fuencaliente, dos estilos y un mismo cometido

Inicialmente, la plantilla del faro estaba compuesta por dos personas que habitaban una en cada una de las salas que alberga el edificio. Esta plantilla se mantuvo hasta 1938. Durante los días 7 y 10 de marzo de 1939, se produjeron varios movimientos sísmicos, quedando inutilizada la instalación luminosa, que hubo que cambiarla por una instalación de acetileno Dalen, con cambiador automático de capillos y válvula solar. Al pasar a un sistema de iluminación automático, el torrero se trasladó a vivir al pueblo y visitaba regularmente las instalaciones.

La erupción del volcán Teneguía, ocurrida el 26 de octubre de 1971 y los movimientos sísmicos previos, terminó por dañar la estructura del edificio. Desde el primer momento, la existencia del faro estuvo amenazada. Uno de los brazos de lava se detuvo cuando todo parecía perdido. En acción de gracias, dos vecinos de Fuencaliente, levantaron una pequeña capilla sobre un pedestal en la que se guarda una imagen de la Virgen de Candelaria.

Años después, debido al mal estado del edificio, en 1983 se decidió proyectar la construcción de una nueva torre normalizada de 24,15 metros de altura. Como consecuencia de la presencia de este nuevo faro, el antiguo dejó de funcionar y quedó abandonado. El 12 de mayo de 1995, la Autoridad Portuaria de Santa Cruz de Tenerife, otorgó una concesión administrativa al Ayuntamiento de Fuencaliente para la rehabilitación y posterior utilización como museo marítimo e instalaciones recreativas y culturales, del antiguo faro de Fuencaliente, por un plazo de veinte años prorrogable por dos períodos de cinco años.

En mayo de 1996, los arquitectos Ángel Caro y Joaquín Mañoso, a iniciativa del Cabildo Insular de La Palma, el Ayuntamiento de Fuencaliente y la Dirección General de Puertos, redactaron el proyecto de restauración del antiguo faro, aplicando medidas de conservación que respetaran la estructura histórica del mismo. En el citado año comenzaron las obras de restauración a través de una escuela-taller, y en 1999 se incorporó una contrata que finalizaría los trabajos.

Foto: Juan Carlos Díaz Lorenzo

Juan Carlos Díaz Lorenzo

La recepción por parte del Cabildo Insular de La Palma de la balsa de La Caldereta es una buena noticia para la agricultura de la costa de Fuencaliente, con lo que se produce un paso más para que comience a cumplir oficialmente con su cometido, después de algo más de tres años de obras. Ahora vendrá la cesión al Consejo Insular de Aguas y, ésta a su vez, a la Comunidad de Regantes de Fuencaliente, que será quien se ocupe de su gestión.

Y decimos que es una buena noticia porque Fuencaliente de La Palma es un municipio sistemáticamente maltratado por el Cabildo Insular de La Palma, a cuyos gobernantes parece que sólo les interesa el control al precio que sea de la Fuente Santa y en sus ratos de asueto y en escalas de sus viajes en coche oficial el vino malvasía y los almendrados. Maltrato que se traduce, entre otros aspectos recientes, en las deficientes carreteras y en su tibia actitud que permitió el desmantelamiento de la ESO.

Panorámica de la balsa de la Caldereta, situada en la zona de su nombre

Obra controvertida por su ubicación, pero ahí están los informes técnicos para avalar su construcción. Con lo cual, Dios no lo quiera, si algún día sucediera algo confiamos en que el peso de la ley caiga con toda su contundencia sobre sus responsables técnicos y políticos. O quizás deberíamos invertir el orden: mejor los segundos en primer lugar, pues de la honestidad profesional de los primeros no tenemos, a priori, por qué dudar.

Ha sido una inversión de 3,5 millones de euros y aunque estaba terminada desde hacía unos meses, acostumbrados como estamos a los retrasos oficiales, en esta ocasión lo ha justificado el problema de una válvula, que parece ha quedado resuelto. Sin que por ello la balsa haya dejado de cumplir su cometido por parte de la Comunidad de Regantes, que están felices –como no podría ser de otro modo– con el resultado final de la obra. A lo largo de la historia, Fuencaliente de La Palma sabe muy bien lo que es padecer sequías. Y no sólo de aguas.

Durante su construcción se produjo un incidente de cierta importancia. El 26 de octubre de 2011 una fuerte escorrentía de agua y arrastre de materiales obligó a cortar la carretera. Se estaban realizando pruebas de llenado. Se dijo entonces de la posible avería de una tubería situada bajo la balsa. Los terrenos en los que se ubica, como en la mayoría del municipio, son inestables, pero no vamos a dudar de la palabra de los técnicos, pues ellos son quienes por su formación y experiencia saben hacer su trabajo.

Algunos datos de interés: permite abastecer a 484 fanegadas de la costa de Fuencaliente de La Palma, una de las mejores zonas plataneras de la isla. La red de riego –el canal, como lo conocemos aquí– tiene su abastecimiento en un recorrido de algo más de 80 kilómetros, desde su origen en Barlovento. Ha sido ejecutada por la UTE formada por Aldesa-VVO y la dirección de obra de la UTE formada por Prointec-Agrovial Consultores.  Está situada a 261 metros sobre el nivel del mar, en terrenos próximos a la curva de la Caldereta, que toma su nombre de un cráter volcánico por cuyo borde discurre la carretera que lleva a la costa.

Juan Carlos Díaz Lorenzo

Las referencias más antiguas que se conocen indican que la iglesia de San Antonio abad, en Fuencaliente, que es parroquia desde el 24 de julio de 1832, fue durante bastante tiempo una humilde ermita anexa a la parroquia de Mazo y su antigüedad se remonta hacia 1522, pues el 16 de enero del citado año, el licenciado Calderón, nombrado por el obispo Juan de Salamanca, autorizaba cuentas de su mayordomía. Treinta años después, el 17 de enero de 1552, recibió la visita del obispo de Marruecos, Sancho Trujillo, nombrado visitador de estas islas por el obispo de Canarias fray Francisco de Cerdá, hijo de los condes de Cabra y uno de los asistentes al célebre Concilio de Trento.

Se trata de una construcción de un solo cuerpo y son sus principales dimensiones 22,65 metros de largo y 6,65 metros de ancho. El presbiterio tiene forma rectangular y mide 10 metros de longitud. El techo es de cáñamo encalado, modalidad que se usa en Canarias desde comienzos del siglo XVII, pues con anterioridad –como señala la historiadora María del Carmen Fraga– se prefería el empleo de armaduras mudéjares.

La iglesia de San Antonio, todavía sin encalar, a comienzos del siglo XX

Con el paso de los años, la iglesia ha sido objeto de diversas obras de reformas. En 1603 el mayordomo hizo constar que se habían pagado 350 reales a los albañiles que hicieron los lienzos de las paredes, que hasta entonces eran de tablas, lo que no es extraño, puesto que las primeras edificaciones del Archipiélago fueron cabañas de mampuesto, madera y paja. En esa misma fecha los carpinteros cobraron el importe de su trabajo por cubrir la ermita, que también había sido encalada.

El arco de la puerta se fabricó hacia 1625. Dos años después, en una de las frecuentes incursiones que los vecinos de Fuencaliente sostenían con los moros y piratas que frecuentaban las costas “cogieron uno vivo, después de haber dado muerte á otros, y habiéndolo vendido, aplicaron su valor á aderezar la ermita, lo que verificaron, cubriéndola de tejado, encalándola y retocando también la imagen del Santo Patrono…”.

La cita, que corresponde a Juan Pinto de Guisla, se complementa con una anotación en uno de los libros de cuentas del archivo parroquial de Mazo, que dice que “aún existe en la ciudad una familia oriunda de Fuencaliente que lleva el apellido o apodo Matamoros por haberse distinguido en las peleas con esos bárbaros”.

En 1639, en tiempos del obispo Pedro Dávila y Cárdenas, la ermita estaba en obras de reedificación y en esa misma época se escuchó por primera vez el tañido de la campana, gracias a una donación del maestre de campo Juan de Sotomayor Topete.

Entre 1730 y 1734 se realizaron nuevas obras de reedificación, en las que intervinieron los maestros pedreros Domingo Crespo –autor del arco de la puerta–, José de los Santos Marta, Pedro Alonso, Juan Rodríguez Marta y Luis de Fuentes, respectivamente, así como el carpintero Manuel Gómez, aunque los trabajos se prolongarían hasta 1745.

La iglesia tiene una airosa espadaña, hecha en piedra de cantería, que se terminó de fabricar en 1866, en virtud del testamento de Antonio de Paz Camacho –otorgado el 24 de octubre de 1864–, en el que dejó un donativo de 1.000 pesos “y que si sobraba alguna cosa se invirtiere en la que más necesitase dicha parroquia”. Gracias a la generosidad de otros hijos de Fuencaliente residentes en Cuba, Manuel García y Vicente Hernández Cabrera, donadas por éstos llegaron las nuevas campanas, que fueron instaladas el 18 de agosto de 1867.

La iglesia de San Antonio abad, en una foto de la década de los años veinte

En 1901 la iglesia de San Antonio fue objeto de una nueva ampliación, sin que por ello perdiera su carácter humilde. En dicho año, el presbítero José Antonio Brito constituyó una Junta Patriótica con la finalidad de recabar fondos para ensanchar y restaurar el templo, situado a la vera del camino real que enlazaba la capital insular y los pueblos del valle de Aridane.

La corporación municipal respaldó la iniciativa y en septiembre del citado año adoptó un acuerdo en el que excitaba “el celo del vecindario y su patriotismo para que voluntariamente contribuyan con las prestaciones necesarias para el ensanche de la Iglesia parroquial y plaza pública, que actualmente se lleva a efecto por subvención vecinal”.

Pese a sus limitados recursos, el pueblo fuencalentero respondió a la petición con generosidad y con el apoyo e influencia del secretario de la corporación local, Luciano Hernández Armas, los trabajos dieron comienzo en las semanas siguientes.

Las obras, sin embargo, tuvieron sus altibajos y enfrentaron al cura y el Ayuntamiento. El pleno, reunido el 8 de junio de 1902, informó de la decisión del párroco Tomás Brito, de que “á causa de la carencia de fondos para sufragar los gastos que exige la reedificación de nuestro templo parroquial y saldar los compromisos contraídos con dichas obras, se ha visto en el desagradable paso de tener que suspender dichas obras hasta que varíen las circunstancias que le han impulsado a tomar dicha determinación”.

La corporación no ocultó su desagrado por este hecho y así lo hizo constar: “Que el Sr. Cura, de por sí y sin acuerdo de la Junta Patriótica, haya tomado la indicada determinación que ocasiona un lamentable conflicto que se podía haber solucionado si se hubiere puesto de acuerdo con la Junta, que ha reunido cantidades de consideración, que han de pasar de siete mil pesetas y que se le han entregado a dicho Sr. Cura como tesorero de la misma, y con el fin de evitar cuestiones desagradables, que por lo pronto no se dé ninguna queja del Sr. Obispo acerca de este asunto”.

Solucionado el malentendido, el 10 de febrero de 1904 se celebró la solemne función religiosa de su inauguración, que estuvo presidida por el arcipreste de La Palma, José Puig y Codina, en la que predicó “un elocuente discurso” el cura párroco de la villa de Breña Alta, Elías Pérez Hernández.

La crónica del periódico “La Solución” agrega que “la concurrencia fue numerosísima”. El ayuntamiento pleno, presidido por el alcalde Antonio de Paz Armas, había acordado en sesión plenaria anterior “concurrir en corporación” a la bendición del templo parroquial. La cubierta se recubrió en su interior con un falso techo decorado con varias pinturas de Ubaldo Bordanova, que corresponden a los evangelistas Marcos, Mateo, Lucas y Juan, así como una alegoría a San Antonio Abad.

Fotos: Archivo Juan Carlos Díaz Lorenzo

Entre volcanes

marzo 17, 2013

Juan Carlos Díaz Lorenzo

La naturaleza volcánica de La Palma tiene en las tierras de Fuencaliente su máxima expresión. El edificio de Cumbre Vieja ha ido creciendo con el paso de los años medido en tiempo geológico y en toda la crestería insular se sitúan los volcanes históricos y otros perdidos en la noche de los tiempos. La isla continúa bajo la superficie del agua en Punta de Fuencaliente en una profundidad de cuatro mil metros hasta alcanzar la llanura abisal y en toda esa pronunciada pendiente existen cientos de cráteres que reflejan claramente la formación de la isla que emerge del Atlántico inmenso.

Acostumbrados a vivir entre volcanes, hay ocasiones, sin embargo, en las que una imagen nos hace refrescar la memoria de la verdadera identidad de nuestro entorno. Nos lo hace evocar Antonio Márquez en su excelente trabajo de fotografía aérea, como ésta que acompaña a estas líneas. Los volcanes San Antonio y Teneguía vistos desde una perspectiva poco habitual, y las coladas de lavas que se desploman por la vertiente occidental de la isla, en una sinfonía de colores que nos hace recordar, una vez más, la grandeza de la naturaleza.

Perspectiva de los volcanes Teneguía y San Antonio, en Fuencaliente de La Palma

Foto: fotosaereasdecanarias.com